La lucha contra el reclutamiento de menores se ha convertido en un eje central del debate público en Guayas. Ante la falta de protocolos de seguridad escolar claros, las autoridades locales, incluyendo los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GADs), están siendo llamadas a asumir un rol protagónico en la prevención. La estrategia no se limita solo a la vigilancia física, sino que busca fortalecer la protección desde las redes sociales y el tejido comunitario.
Expertos y funcionarios coinciden en que la primera barrera frente al crimen organizado es afectiva y psicológica. La salud mental de los jóvenes guayaquileños representa el primer escudo contra la captación ilícita. Sin embargo, la ausencia de mecanismos de seguridad escolar robustos deja a las instituciones educativas vulnerables, lo que exige una respuesta coordinada entre el Estado y las juntas parroquiales para cerrar estas brechas.
El enfoque actual prioriza la prevención sobre la reacción punitiva. Se espera que los GADs municipales implementen programas que fortalezcan el vínculo familiar y comunitario, entendiendo que el afecto es un factor disuasivo clave. La pregunta que permanece en el aire es si las herramientas de prevención estatal serán suficientes para contener la presión del crimen organizado sobre la juventud del litoral.